Matar a un ruiseñor nos presenta por un
lado, la historia de un caso de racismo e injusticia social contra Tom
Robinson, un hombre de raza negra acusado de violar a Mayella Ewell, una joven
mujer blanca de la ciudad imaginaria de
Maycomb, Alabama al sur de los Estados Unidos durante la Gran Depresión, a
través de los ojos y la voz de una niña
inquieta e inocente de seis años llamada Jean Louise Finch, a la que todos
conocen como Scout, la hija de Atticus
Finch, el abogado que defiende a Tom Robinson en el caso.
Atticus Finch es
el padre de Jem y Scout, un abogado
sureño con un gran sentido de la justicia que acepta defender el caso de Tom
Robinson. Tiene que enfrentarse a todo tipo de estigmas sociales, leyes que no se aplican igual a todas las personas,
injusticias de la realidad, la falta de humanidad, ataques y desprecios de sus
vecinos por defender a un hombre de raza negra. Tiene que escuchar comentarios
como “amante de los negratas”. Dicha
situación acaba afectando a Scout y Jem en el colegio.
Por
otro lado, los juegos de niños, peleas y
aventuras que viven Scout, su hermano Jem y su amigo Dill durante el verano les sirven para conocer la
figura de Boo Radley, un misterioso y huraño vecino cuyo pasado criminal nada tiene que ver con el presente
solitario y del que nadie se atreve a hablar,
lo que genera aún más curiosidad a los niños para intentar conversar con él acerca
de los regalos que les deja escondidos en el hueco de un árbol.
Toda
la trama sucede en un momento histórico muy delicado donde las personas de raza
negra empiezan a defender sus derechos y a alzar su voz contra de las
injusticias que se cometen. Las personas de raza blanca ante el miedo por el
movimiento que se está generando, estrechan aún más el cerco contra el racismo.
Son tiempos en los que las personas de raza
negra son consideradas de segunda categoría y cuya culpabilidad no suele
ponerse en duda. Pero Atticus Finch no cree en las diferencias de color y la
culpabilidad de alguien, blanco o negro, ha de probarse. Es una persona con un alto sentido de la rectitud, la moralidad y la
ética social.
Uno de los
instantes clave de la novela, sucede cuando Finch eliminará con un rifle un del
perro rabioso ante el asombro de sus
hijos, sobre todo Jem. Dicha escena es un preámbulo de lo que le espera a Finch posteriormente, el perro representa el
peligro irracional que se verterá sobre el pueblo y su habitantes.
El padre sabe usar armas aunque no tiene ninguna. Calpurnia menciona a Jem lo siguiente: “Tu padre es el mejor tirador del condado. Otra cosa es que tu padre no
necesita usar la violencia para que se le respete”. Haciendo referencia a
que la violencia es siempre el último recurso, aunque, a veces hay que hacer
cosas que nos duelen para salvaguardar y proteger a la familia.
El juicio
ocupa buena parte de la obra donde el
ritmo y planificación están prodigiosamente medidas. Es una pantomima para hablar de lo miserable
que puede llegar a ser el ser humano. Sin ningún tipo de manipulación, Finch
expone los hechos poniendo la voz de la
verdad, añadiendo la ironía de que ésta a veces no es suficiente para
sobrevivir en un mundo dominado por la mentira y el engaño, donde es factible
hacer daño el prójimo en beneficio propio, o simple y llanamente por odio. Un
odio incomprensible que nace de la propia naturaleza del hombre, capaz de hacer
el mal sólo porque sí, porque se es malvado, tal y como representa el personaje
de Bob Ewell, que se convertirá en el
ogro de la novela, sobre todo en su tercio final, cuando la obra alcanza el
carácter de cuento de hadas con tintes terroríficos.
A lo largo del juicio, Atticus demuestra la inocencia de
Tom Robinson y deja en evidencia las mentiras
de la supuesta víctima, Mayela Ewell que golpeada y torturada por su padre pederasta y alcohólico Bob. Aunque
las siguientes palabras de Atticus Finch dejan intuir que el propio Atticus ya
sabe cómo va acabar el juicio: “Valor no es un hombre con una pistola en
su mano. El verdadero valor es cuando uno sabe que la batalla está perdida,
pero lo intenta a pesar de todo y lucha
hasta el final, pase lo que pase. Uno gana raras veces, pero alguna vez vence”.
Haciendo hincapié en que la valentía no reside en la violencia o en
machacar a una persona, que hay veces
que plantar cara para defender algo de manera justa y que se debe de creer en
la igualdad, honestidad, pasión y el coraje
de las personas. Sin embargo, Tom es condenado injustamente y luego es herido
al tratar de escapar. Bob Ewell considera que ha sido humillado en el juicio y
quiere vengarse. Bob termina atacando a Jem y a Scout. Sorprendentemente estos
son defendidos y salvados por Boo Radley; Ewell muere en la pelea, aunque no se
sabe exactamente si fue Boo o Jem quien lo hiere.
Al final, el Sherif y Atticus llegan a la conclusión de
que no es conveniente someter a ninguno de ellos a un juicio ya que, sería como
“matar a un ruiseñor”, un pájaro que no hace mal a nadie y lo que hace es
cantar. Lo correcto es aceptar la conclusión de que Ewell se cayó sobre su
propio cuchillo.
En lo que
respecta a la autora, Matar a un ruiseñor es la única novela publicada por
Harper Lee. Esta obra fue ganadora del premio Pullitzer en el año 1961 y la exitosa adaptación al cine fue ganadora
de tres premios Oscar, uno de ellos a Gregory Peck como mejor actor
protagonista y mejor dirección artística.
La
escritora vivió su infancia y su juventud entre la literatura y las
desigualdades sociales, dos elementos que transmite en su obra. Fue todo un acierto para la
literatura, manifestar los defectos de una sociedad supuestamente correcta,
pero en el fondo, todavía imperfecta. Harper Lee no quería que la crispación y las
injusticias se quedasen en simples conversaciones en las familias sino dar un
paso más allá y poner sobre la mesa un problema de xenofobia, de discriminación
racial y falta de igualdad que muchos se niegan a reconocer. Fue una novela muy
personal dónde volcó muchos detalles de su vida personal durante la infancia y
un canto de amor su padre que tanto cariño y respeto la crió.
Ahora
bien, me pregunto si después de tantos años verdaderamente hemos perfeccionado
la sociedad o si sigue sin avanzar. Además, ¿Hubiésemos percibido la historia
de la misma manera si el autor hubiese sido de raza de negra? Muchas de las
líneas de la novela y la película pueden
estar situadas con naturalidad en el siglo XXI. Quizás por el momento histórico en que
estamos, por el desarrollo actual en la discusión social de temas como el
racismo (pero también el feminismo, y los derechos LGTB) y la propia posición
de las personas ante estas desigualdades. En definitiva, la búsqueda de la justicia es un
tema atemporal e imperecedero.
Es la propia Scout, un reflejo de la
propia autora cuando era niña, la que, desde sus ojos y su mirada de niña de
seis años, cuenta
el devenir de Maycomb y sus habitantes en los primeros años de la terrible
década de los treinta.
Todo el asunto racial conforma el tema
principal de la novela, y a lo largo de esta vemos cómo Scout y Jem Finch, van
entendiendo esta problemática y van acercando los problemas que parecían
imperceptibles en la sociedad. Atticus Finch, actúa como el encargado de
generar conciencia y simpatía por las personas de raza negra, no solo con sus
hijos, sino con todo el pueblo de Maycomb de forma simple, clara y directa. Pone al desnudo los valores de cada uno de los
habitantes de Maycomb como se puede apreciar en la siguiente
frase: “Antes de poder
vivir con otras personas tengo que vivir conmigo mismo”.
Después de la Guerra de Secesión entre los estados del
sur y los estados del norte de Estados Unidos, se generaron grandes diferencias
(económicas y sociales) atravesadas por un tema en común: la esclavitud. Los
Estados del Norte defendían la abolición de la esclavitud y poseían sus
economías basadas en la industria, los Estados del Sur, por su parte, tenían
economías basadas en la agricultura, sobre todo de la producción de algodón,
donde la esclavitud negra era parte integral del sistema. Mientras que en
España tenía lugar la Guerra por Cuba. Una sociedad que
quizás se jactaba de ser justa, de criticar el ataque a las personas judías, pero
que internamente todavía discriminaba a las personas de raza negra, y los
separaba del avance, de su entorno. Como se aprecia el sistema social está
construido para que las personas de raza negra convivan con las personas de
raza blanca de forma marginal y separada. Como se puede ver en la diferencia de viviendas de las
personas de raza blanca y las personas de raza negra.
Y si la historia es magnífica, no lo
son menos los personajes. La construcción, el desarrollo psicológico. Hay que destacar que se presenta una sociedad con estereotipos muy marcados y
perfectamente dibujados en ese tramo a través de sus vivencias.
Scout resulta un personaje redondo con toques de humor,
dulzura e inocencia del que vamos observando una evolución a lo largo de la novela,
como va adquiriendo madurez según se suceden los acontecimientos. Es una niña que rompe con muchos estereotipos, no le
gusta usar faldas y ser una dama de la sociedad. Le gusta usar pantalones,
correr y jugar con sus amigos. El personaje de Atticus
es un hombre responsable, admirable, memorable, no
influenciable, con presencia física y sentido del humor, todo un modelo de
padre y profesional con los
pies en el suelo, padre viudo que educa a Scout y Jem sabiendo que no podrá
librarles de todos los males del mundo pero es un personaje literario flojo, sin conflicto
y demasiado idílico con el que el lector crea una admiración distante, pero no
identificación o empatía. El personaje de Atticus no necesita cambios
y/o evolución a lo largo de la obra, pero es el guía para que los demás
personajes cambien Es considero el gran héroe del cine americano. Es un
personaje muy difícil de interpretar porque actúa como una persona corriente,
lo que es muy difícil de imitar. Por la apariencia física, sabemos que es un
hombre respetable y con estudios ya que, siempre va vestido con camisa y
corbata.
Un personaje que resulta fundamental
a la par que tremendamente misterioso es el de Boo Radley, que se destapa como
un pilar imprescindible en el desarrollo de la trama. Además, personajes como Tía Alexandra y
su corte de amigas de la vecindad de Maycomb se encargan de señalar y marcar
estas diferencias entre familias que en ocasiones resultan ser sólo imágenes
externas y mitos, como el de los Radley, que el desarrollo de los
acontecimientos se encarga de desmentir. Las personas de raza negra no son
entonces un fin, son solo un medio. No tienen voz en la novela y muchos de
ellos son personajes sumisos y “enblanquecidos”, como Calpurnia, la criada de la familia, que trata a
los niños como si fuesen sus hijos y a la que se trata con mucho respeto. En
definitiva, vemos como las familias y los
clanes, que gozan, o sufren, de una reputación construida por años y
generaciones. Esta reputación negativa, como en el caso de los Ewell, o
positiva, en el caso de los Finch.
El papel de la mujer
aparece estigmatizado pero no era
consciente de ello, ni siquiera las mujeres. De hecho en la novela nunca
se utiliza la palabra feminismo. Como se puede apreciar en la siguiente
frase dicha por una mujer: “No es necesario que uno explique todo lo que sabe. No es femenino…”. De la misma manera, se aprecia una voz
a favor del feminismo, con la descripción que se hace de la pequeña Scott
diciendo que a ella no le gustan ni las faldas
ni los vestidos y que lo que más le gusta es ir vestida con pantalones y
buscar aventuras con su hermano y su amigo en la casa del árbol.
Matar a un
ruiseñor es una novela monotónica narrada en la primera persona de Scout Finch,
tiene un desarrollo lineal del tiempo. Utiliza la analepsis o flashback, en la que es común el
rompimiento del orden cronológico de la historia con vueltas al pasado, como se
puede ver en la introducción inicial a Maycomb y por la
narración de los testigos en el juicio.
Por lo que respecta al resto de
escenas no hay ningún otro movimiento temporal significativo.
El hecho pues de
que la historia sea contada desde los ojos de una niña inocente, da a la historia
una cierta credibilidad lo que dotó a
Lee de grandes libertades y herramientas y además, supuso un punto de partida
para poner en tela de juicio muchas de las verdades establecidas de Maycomb que
critica la obra. Como por ejemplo: El sistema educativo, sus métodos de
enseñanza, el trato con las personas de raza negra, la pérdida
de la inocencia, de la creación de valores para poder transitar por la vida, de
cuestiones de castas en la América profunda,
de la presunción de inocencia y de la labor de los abogados en la justicia. Son temas que Scout y los niños siempre cuestionan
desde su posición y con los que constantemente chocan y desentienden porque
“todavía por son niños” como apunta la siguiente frase de la obra: “Nunca llegarás a entender realmente a una
persona hasta que consideres las cosas desde su punto de vista… Hasta que te
metas en su piel y camines con ella”. De la
misma manera, también se aborda el asunto del aprendizaje moral, la ética, el
crecimiento personal, la lucha entre la idea del individuo y la del colectivo,
o la confrontación clásica entre el bien y el mal, expresando los hechos de
forma afectiva, humorística, nostálgica.
Esto es fácil de notar al leer la novela, Scout Finch es un personaje por momentos inverosímil: la forma de expresarse y su inteligencia no son propias de una niña de esa edad. Y no es que los niños no sean ni inteligentes ni locuaces; pero Scout Finch parece por momentos sobrepasar los límites de su entendimiento y su expresión, lo que nos abre una puerta a la sospecha y deja, sin duda, la huella de la que en la concepción de la novela fue la narradora: Scout adulta.
La novela está redactada en un lenguaje sencillo, claro, sin prejuicios, limpio y con una narrativa simple, bien construida, sólida y envolvente que no deja indiferente a nadie. Es una novela muy idealista que muy necesaria en los tiempos que corren. Además, cuenta con unas descripciones que en ocasiones consiguen trasladar al lector al escenario en el que se desarrolla la acción, también merecen una mención especial los diálogos escritos por Harper Lee, quien consigue crear unas escenas que llegan directas a la mente del lector. Matar a un ruiseñor es una lectura relajante y tranquila. Es una obra que a cada nueva lectura y le da una nueva capa de entendimiento. Sin embargo, no es enfrentarte a una lectura cruel, es más bien enfrentarte a una lectura realista, tal y como ven el mundo los niños, de forma honesta, sin hipocresías; y lo cierto es que los adultos, que ya hemos perdido esa capacidad, o por lo menos, si no la hemos perdido, nos negamos a utilizarla cuando tenemos de nuevo frente a nosotros esa forma de ver el mundo que percibimos como algo crudo y difícil de asumir.
En cuanto a la película es Matar un ruiseñor es
un clásico de la cinematografía mundial llevado al cine basándose en la novela anteriormente
mencionada. Es una de esas
películas para las que el término de obra maestra parece quedarse corto. Con
un reparto excepcional comandado por Gregory Peck (Atticus Finch), Robert Duvall y Brock Peters (Tom Robinson). Lo
cierto que la película no contaba con un presupuesto abultado ni con efectos
especiales espectaculares, en cuanto a las técnicas de producción es una película
corriente de la época, lo que la hace única es la gran historia que cuenta. La película lleva un ritmo rápido y es
dirigida con mucho suspense a pesar de
no ser una película de suspense.
Su mirada va
más allá de lo que son los recuerdos infantiles que rememoran noches lejanas de
verano, una de las constantes del cine de Mulligan, director de la película y
de otras muy conocidas como el Verano del
42, se adentra en ellos y trata de tú el enfoque de un niño ante las
incomprensibles actitudes de los adultos. El director apenas cambia los diálogos de la
novela lo que dota de mayor respeto y educación a la obra. Se toma la
libertad a la hora de grabar y cambiar muchos de los planos de la obra, lo que
es todo un acierto. Como por ejemplo: el momento en el que varios
habitantes acuden a la cárcel para linchar a Tom Robinson y las preguntas
inocentes de Scout hacen que se avergüencen de lo que iban a hacer, dejando a
Atticus con el sabor del orgullo en sus labios. Al igual que ese reloj roto que
representa lo efímero del tiempo, o esa mágica banda sonora de Elmer
Bernstein, que representa la infancia, y varía según los estados
anímicos a partir de las mismas notas, los hijos de Finch dejarán de ser niños
algún día, y esa muestra de madurez prematura es señal inequívoca de ello.
Tanto
la novela como la película son muy recomendables para los jóvenes y para los
adultos que dejará un paso duradero en todos en ellos. Al poco de comenzar
a leerla o verla, ya ha conseguido meternos dentro de ella con una facilidad pasmosa como se puede
apreciar al inicio de los créditos y la voz en off de la narradora de cómo era
la vida en el pueblo. Aunque su gran éxito se debe a que Harper Lee nos
cuenta una historia muy real de la época. Ambas logran una empatía y nostalgia
hacia el otro y logran reconocer al otro como persona con derechos, pero es una
novela distante, y dispersa a la que le toma muchísimos eventos aislados y poco
trascendentes para presentar su problemática y para llegar a un juicio que se
presume centro de la narración, pero que es en realidad solo un evento más que
pasa sin que se haya generado una tensión a su alrededor, y con una narración
eficiente sí, pero poco memorable.
Una de las
diferencias de la novela y película es que en la película se mencionan datos
más concretos sobre la madre de Scout, ella murió de un ataque de infarto
cuando Scout tenía 15 años.
Sin duda, una de las escenas que más
me conmovió fue el propio significado del título de la obra: «Cuando Atticus le
regaló un rifle de aire comprimido a Jem, no quiso enseñarle a tirar. Un día le
dijo a Jem: “Matad todos los arrendajos azules
que queráis, si podéis darle, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado”. Jem interrogó al respecto a miss
Maudie que le dijo: “Tu padre tiene
razón, los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos.
No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no
hacen más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es
pecado matar un ruiseñor”. Y finalmente cuando Scout se dirige a su
padre: «mira, hubiera sido una cosa así como matar un ruiseñor», le dijo para demostrarle que había
entendido todas sus enseñanzas sobre la rectitud y la honestidad en la vida y
la necesidad de proteger a los inocentes. Considero que es uno de los momentos
de más carga emocional de toda la historia donde es inevitable no emocionarse. Y en esta historia el ruiseñor representa la
inocencia de los niños ante este mundo de adultos. El cómo cuando más vamos
comprendiendo las cosas de nuestro
alrededor, más nauseas te dan. Hay una escena incluso, cuando están en el
juicio y el fiscal comienza a interrogar al acusado, que uno de los niños sale
casi vomitando del lugar. Y Jean le dice: “Solo
es un negro”. Dill solo le responde: “No
es justo tratarlos de este modo”.
Otro de los
momentos que me emocionó fue cuando su hija le pregunta: “¿Si vale pena todo eso? Si era consciente, en ese tiempo no había
justicia para las personas de raza negra,
sin importar que tantas pruebas tuvieras”. Pero es aquí donde el padre de la
niña le dice que: “debe hacerlo ¿Cómo
asistiría a la iglesia si no hubiera defendido a este hombre inocente?”. Ya
que el único lugar donde no rige la opinión de los demás en la conciencia de
uno mismo. Haciendo referencia a cómo un
padre después
puede exigir a sus hijos que hiciesen cualquier cosa, si él no predicaba con el ejemplo.
Ahora bien, he de reconocer que ha
sido la lectura algo difícil para mí, no por el vocabulario o estructuras en
inglés, sino por la alta exigencia de concentración que me demandaba la
lectura. He tenido dificultad para avanzar en la lectura, pues constantemente
estaba haciendo juicios de valor y críticas sobre muchos de los prejuicios que
tenemos hacia los demás. Creo que el verdadero éxito de la novela ha sido
ayudar “a abrir más los ojos” si cabe sobre las relaciones sociales en el
pasado y ver cómo las nuevas generaciones van rechazando cualquier comentario
ofensivo para el resto. Nos anima a ser mejores personas cada día y dejar de un
lado los prejuicios que tenemos sobre los demás por difícil que parezca.
Me pregunto, si en ocasiones, he podido despreciar a alguien de manera
inconsciente por mis prejuicios. Todos podemos hacerlo algo, por pequeño que
sea, para cambiar el mundo.
Algunas de las ideas que me he planteado son: El mérito
de Atticus Finch para inculcar a sus hijos unos ideales justos en un mundo
injusto en el que apenas existe igualdad en oportunidades,
en derechos e iguales ante la ley. En el momento que todos entendamos que
tenemos más puntos en común con los demás que diferencias, cambiarán muchas
cosas. Todos somos personas y la única
raza que existe es la raza humana. A través de los ojos de Scout vemos que es el
mundo es difícil de entender para los
niños y más complicado para los adultos a la hora de actuar.
Es triste pensar que puede existir lo mejor y lo peor
dentro del mismo ser humano. No alcanzo a pensar cómo nadie quiso defender a
Tom Robinson, que no se considerase su presunción de inocencia y que
considerase el acto de Atticus Finch como un acto heroico y cómo el juicio
social que hacen las demás personas sobre ti, es una losa muy difícil de
cambiar. No hay nada peor que saber que
no puedes vivir en sociedad y nadie quiere estar contigo. Es horrible pensar
que sin celebrarse un juicio, presentar pruebas y escuchar la defensa ya se
tiene una sentencia.
La realidad es que por muy mal que se muestre la historia
en la novela o la película, la realidad de la época es mucho peor. Debo estar
agradecida por vivir en una sociedad donde prima la democracia y cada vez
suceden menos injusticias sociales, pero aun así no es suficiente y no debemos
conformarnos. En la novela se mencionan dos de clases de faltas de respeto
hacia las personas por su piel y a las mujeres por obligarlas a mantener
relaciones sexuales de manera no consentida.
Otra cuestión que me
hizo reflexionar fue la educación paterna que recibieron los hijos de Atticus
Finch, la relación entre el padre y sus hijos. Por ejemplo: Jem y Scout en
lugar de llamar a Atticus, “papá” le
llamaban por su nombre, lo que resulta algo extraño.
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