Teaching Philosophy

Escogí el máster en Enseñanza y Aprendizaje de segundas lenguas por una cuestión de profesión relacionada con “una  llamada” para continuar  definiendo mi identidad  profesional y como  una oportunidad para explorar un campo de interés. Siento que mi labor como docente es ilimitada, variada y compleja debido a la multitud de roles que tengo que ejercer en el centro escolar: de líder, de entrenadora que sabe cómo sacar lo mejor de cada persona, de facilitadora de aprendizajes, de coordinadora, de apoyo personal, etc. Sin duda, esta es una gran oportunidad para conocerme a mí misma como futura docente.

Ahora bien, lo ideal es que los alumnos aprendan un idioma utilizando el Communicative Approach. De esta manera, el inglés me permite ampliar mi mensaje y  que este pueda calar en  más personas. Aprender y enseñar un idioma es una apertura a conocer otros modos de vivir, es compartir una historia personal. En definitiva, es sentirse bienvenido a compartir un hogar donde la cultura es una de las principales fuentes aprendizaje por contagio.

            Desde mi experiencia como alumna del inglés como segunda lengua extranjera, un docente de segundas lenguas ha de animar a los estudiantes a aprender y  a participar de manera activa en actividades que sean motivadoras  de aprendizaje significativo.  Es cierto que mis profesores tenían un buen dominio del idioma, pero no era suficiente, necesitaba un mentor lingüístico, una persona en la que me viera reflejada constantemente y que fuera una fuente de inspiración que suscitase mi interés para continuar aprendiendo inglés y  más importante aún, que me invitase a mejorar como persona cada día.

            Un profesor de segundas lenguas es un guía que  nos acompaña durante nuestro aprendizaje, se esfuerza porque nadie se quede atrás, respetando los diferentes ritmos de aprendizaje del alumnado sin adjudicarles una etiqueta de diagnóstico. Además,  no solo debe tener en cuenta las dificultades de su alumnado, sino también sus virtudes. Ha de conocer continuamente cuáles son los intereses y motivaciones de su alumnado, mediante actividades de pensamiento crítico. Además, ha de preparar y organizar sus clases teniendo cuenta el neuroaprendizaje  de una segunda lengua. Del mismo modo,  ha de facilitar la manipulación de materiales reales adaptados a la edad de su alumnado  que les anime a conversar y compartir experiencias. Con la ayuda de, por ejemplo, podcasts, cuentacuentos,  álbumes ilustrados, Kamishibais, canciones, espectáculos, etc. que les permita moverse con libertad y comodidad dentro del aula y trabajar de manera autónoma  y colaborativa con el resto de  sus compañeros con el fin de que  desarrollen su autonomía y habilidades sociales dentro de un trabajo por equipos. También ha de ser una persona que maneje con soltura  la tecnología y ofrezca una batería de recursos y actividades desafiantes (revisados por él mismo y con garantías de éxito)  para que los discentes trabajen de manera autónoma aquellas destrezas que más les interesen dentro y  fuera del  aula. Además, ha de utilizar el sentido del humor para captar la atención de los estudiantes, creando entornos de aprendizajes  eficientes, seguros y bien asentados donde se pierde el miedo a equivocarse, ya que los errores son las pruebas naturales de que estamos mejorando y solo demuestran que somos seres humanos.  El feedback que se da en el aula por parte del docente, compañeros de clase o por el propio estudiante ha de ser formativo en lugar de calificativo. Se ha de valorar todo el proceso de aprendizaje no solo el resultado final de una evaluación.

            Un docente que enseña una segunda lengua no ha de ser necesariamente nativo, pero sí debe dominar cuáles son las dificultades que pueden experimentar los alumnos y anticiparse a los correspondientes errores. Ha de tener capacidad para adaptarse a las circunstancias personales de su alumnado y profesionales que vayan surgiendo. Es imprescindible que esté al corriente de las nuevas investigaciones en materia educativa, en especial, en la enseñanza y aprendizaje de segundas lenguas y publique sus propias experiencias dentro del aula con el fin de  todos nos podamos enriquecer con ellas.

            Una persona que tenga vocación y pasión por lo que enseña, que sea curiosa, esté dispuesta a salir de su zona de confort y a aceptar los cambios como nuevas oportunidades de aprendizaje. Para ello, ha de cuidar el lenguaje verbal y no verbal a la hora de dirigirse hacia  los estudiantes, los valores que transmite de manera inconsciente que pueden suponer discriminaciones o privilegios que se perpetúan en el aula. De la misma manera, ha de ser  una persona ambiciosa que esté constantemente haciendo autocrítica y reflexión de si sería un estudiante de su propia aula. Ha de transmitir emociones positivas que establezcan fuertes vínculos entre el alumnado,  el profesor y la asignatura. Pero, por encima de todo, una persona que sepa escuchar, sea empática, espacialmente con aquellos alumnos más introvertidos, así como, comprensiva y creativa a la hora de plantear actividades en el aula.

            Finalmente, un docente de segundas lenguas debe ayudar a crear una mente bilingüe en sus pupilos. Debe tener amor y admiración a la lengua que enseña y aprende.  En definitiva, no hay nada más gratificante que ver que se sienten orgullosos de su mejora en el rendimiento y que ellos mismos decidan continuar avanzando.  

  

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