En primer lugar, soy
Cristina Basualdo Díez, una alumna del Máster de Enseñanza y Aprendizaje de
Segundas Lenguas en la Universidad de Cantabria. He creado este blog con el fin de mostrar mi progreso y
aprendizaje en algunas de las asignaturas del Máster. Estaré encantada de que
me acompañéis en este camino ¡¡Muchas gracias por todo de antemano!!
La escuela es la única
institución nacional por la que pasa todo el mundo y deja una huella en ellos
(ya sea buena o mala). Además, es el escenario más próximo a vida adulta como
ciudadanos activos de la sociedad. El colegio es uno de los pocos lugares donde
se minimizan las diferencias personales de los alumnos y sus familias como, por
ejemplo, la ansiedad, el estatus socioeconómico, las distintas
maneras de enseñar o las dificultades en
el aprendizaje. Considero que la educación es arma para cambiar el mundo
en el que vivimos. Afortunadamente, es un derecho para todos/as los/as
ciudadanos/as, sin embargo, en algunos países sigue siendo un privilegio. No podemos permitir que siga
así. Soy consciente de que ayudar a que la educación sea universal y de calidad
es un reto muy grande, pero no por ello es imposible. Poco a poco, van calando
nuevos cambios en sociedad con ello se avecinan nuevos cambios en la educación.
He tenido la suerte de
vivir en una familia en la que hay profesores de Segundas Lenguas en la que me
han inculcado un amor y respeto al aprendizaje del inglés. Es muy reconfortante
ver cómo los logros personales y
académicos se alcanzan gracias a las estrategias que he aprendido a lo
largo de mi camino como estudiante. Por ello, me gustaría compartirlos si con
ellos puedo ayudar a alguien. Se puede decir que he sido una buena estudiante,
es decir, una alumna con una buena
actitud y buena predisposición a
aprender cosas nuevas e intentar ayudar a mis compañeros/as de clase siempre
que lo necesitasen. Lo cierto es que en cuanto al rendimiento académico,
siempre me he esforzado por sacar buenas notas aunque hubiera asignaturas que
se me diesen mejor y otras peor. A lo largo de mi camino como estudiante fue cuándo
encontré mi vocación y uno de los mayores regalos como persona. Me di cuenta de
que me quería dedicar a la enseñanza y
aprendizaje de niños/as de Educación Primaria, sin olvidar que es una profesión
muy demandante e insustituible.
Me he formado durante cuatro años en el
Grado de Magisterio en Educación Primaria en la Universidad de Cantabria.
Solo, en los tres periodos de prácticas, he sido consciente de la
profesionalidad, formación, dedicación, tiempo y esfuerzo que se necesita para
ser una gran docente. Es cierto que en los cuatro años de Magisterio, he
aprendido muchos conocimientos y estrategias para llevar a cabo a las aulas.
Sin embargo, todavía hay muchas necesidades de los alumnos para las que no tengo respuesta y por las que
debo continuar aprendiendo.
Aun hoy, recuerdo mi primer día como docente en prácticas,
curiosa por captar toda la información del cole y de mis alumnos, con aptitud
abierta y positiva a aprender y también, muy nerviosa por cubrir las demandas
de que se esperaba de mí como docente.
Me di cuenta que apenas existe la homogeneidad dentro de las aulas. No
existen dos alumnos iguales. En ocasiones es muy difícil dar respuesta a todas
las necesidades de los alumnos con el tiempo y la atención que necesitan. Sin embargo, estas necesidades han de verse
como nuevas oportunidades de aprendizaje para continuar mejorando y aprendiendo
y, nunca como un obstáculo. Conforme va pasando el tiempo, voy cogiendo
confianza a la hora de afrontar los distintos problemas que van surgiendo. He
tenido la oportunidad de trabajar con tutores de prácticas muy diferentes entre
sí y con ideas muy diferentes sobre la educación y poco similares a las mías,
pero de quienes he aprendido un montón y sigo sus buenos consejos y enseñanzas.
He aprendido que ser docente no solo conlleva ser guía de alumnos de una clase
de primaria en concreto sino, ser coordinadora, organizadora, algunas veces
líder en un grupo de compañeros docentes, así como, ser un punto de unión entre
las familias y los alumnos. Es una pena que no se cuente con la participación
de las familias de los alumnos como se merecen. ¡Tienen ideas muy útiles y
sencillas que nos ayudan a todos/as!
¡Conocen un montón de recursos y estrategias y están deseando
compartirlas con nosotros/as!
Como docente en
prácticas, aprendí
que debía contestar a todas las preguntas por inoportunas que resultasen, nunca
debía de perder la calma ni dejar que mis circunstancias personales influyeran
en mi comportamiento en el aula. Sin embargo, debía de desarrollar mi sentido de la observación
para captar lo más sensible del contexto de mis alumnos y ayudarles en todo lo
que estuviese en mi mano. Del mismo
modo, no debía de mostrar preferencias o
favoritismos por cualquier alumno ya que, producirá rechazo en el resto de
compañeros del aula, así como, ayudar crear puentes entre aquellos/as niños/as
que no tuviesen una buena relación. Una de mis “tareas pendientes” es aprender
a sacar el máximo rendimiento al tiempo y los espacios que disponen el aula y el centro escolar. No
hay que tener miedo al cambio ni a arriesgar, siempre y cuando se tenga la
capacidad para reconocer los errores y aprender de ellos.
Los alumnos deben
sentirse protagonistas dentro del aula ya que, todos son indispensables para el
profesor. Cada uno de nuestros alumnos aporta ideas y comportamientos
maravillosos al aula. Aunque lo cierto es que puede haber ocasiones en las que
haya malos momentos en el aula y haya
que animar a cambiar cuestiones personales de los alumnos. Pero, el proceso de
aprendizaje y acercamiento al alumnado será muy gratificante para todos. Debo
esforzarme por crear un aula, un hogar en el que todos se sientan cómodos y
sean bienvenidos.
Un docente ha de ser
una fuente de inspiración para sus alumnos y sus compañeros docentes. Un buen maestro es aquel que es capaz de tener la curiosidad de
aprender todos los días algo nuevo, incluso de sus alumnos. Y
tendríamos que hablar de «maestros excelentes», en plural, porque uno, nunca
será suficiente. El
docente ha de actuar como un guía, modelo a seguir y educador que acompañe a su alumnado en el
proceso de aprender y desarrollarse integralmente como persona. Para ello, es
necesario llevar a cabo un proceso constante de reflexión personal y
profesional sobre distintas cuestiones: la distribución del aula, las
actividades prácticas, realistas y significativas, los valores que se transmiten
en el aula como el compañerismo, el respeto, la confianza, la seguridad, la
libertad, la amabilidad, la generosidad, la paciencia, la responsabilidad, la cercanía, la empatía, el
entusiasmo, la disciplina, la
sinceridad, la asertividad, etc. En
definitiva, una compañera más aprendiendo en el aula y una aprendiz constante.
Un docente ha de ganarse el respeto y el interés de sus alumnos sin llevar a
cabo un modelo autoritario. En ocasiones, el maestro deberá convertirse en un
actor “con gafas” culturales que acerque y abra las mentes de los más pequeños
para aprender y para analizar cómo
funciona el mundo en el que vivimos.
Es fundamental que el
docente dedique una buena parte del tiempo al inicio del curso a conocer a su
alumnado para saber cuáles son gustos, intereses y motivaciones puesto que
vamos a compartir muchas horas juntos y la educación ha de personalizada para
cada alumno. Tienen que sentir desde el primer momento que el aprendizaje es
algo placentero y útil para el presente y el futuro. De esta manera, será más
fácil pensar y organizar las futuras actividades. Un buen comienzo podría ser
organizar un pequeño debate para ver cómo se desenvuelven, ver cuáles son sus
ideas como grupo y animarles a participar. También, resultará útil organizar
asambleas para saber de qué manera podemos mejorar el funcionamiento del grupo.
No se puede negar que las exigencias del exterior, el currículum y el tiempo no
siempre van a ir de nuestro lado, pero, debemos aprender a vivir con ellos de
la mejor manera posible e intentar buscar soluciones de manera conjunta entre
todos actores de la comunidad educativa.
Ahora bien, centrándome en el inglés, aprender
un nuevo idioma es esencial para casi todo lo que podamos pensar, como por
ejemplo, viajar, leer, buscar trabajo, ver contenido audiovisual, en la interacción
social. Es incuestionable que el inglés forma un papel muy importante en el
proceso de Enseñanza-Aprendizaje.
Especialmente, en la
enseñanza de segundas lenguas, ha cambiado
desde que iba a la escuela. Las clases de inglés son cada más dinámicas,
motivantes y con materiales auténticos como por ejemplo: la literatura, el
cine, las canciones, los periódicos, las revistas, la publicidad y el teatro.
Cada vez es más frecuente que se incorpore el uso de la literatura y el cine en
las aulas de segundas lenguas debido a la inmensidad de beneficios que aportan
a los alumnos: aumento de vocabulario, mejora de la pronunciación y el oído, el
apoyo de la imagen visual para entender una palabra en contexto, desarrollo de
la lectura y el cine por placer y entretenimiento, aumento y visualización de
diferentes culturas… entre muchísimos más. El uso de estos materiales permite
aprovechar la motivación intrínseca que tienen los alumnos hacia el propio
aprendizaje y ayudarles a poner en
práctica todo lo que aprenden dentro y
fuera del aula. De la misma manera, aprovechar todo el input y
estímulos externos que reciben. Si todos estos beneficios que explicitaran y
comentaran con los alumnos y las familias, aumentarían los niveles de
satisfacción personal hacia el aprendizaje y enseñanza de las segundas lenguas.
Nos pasamos una buena parte de nuestra vida aprendiendo un segundo, o incluso,
un tercer idioma y no podemos permitir que se siga enseñando de manera tradicional. ¿Por qué no enseñar y
aprender utilizando el sentido del humor con nuestros estudiantes? Sin duda, el
sentido del humor ayuda a establecer vínculos más cercanos con nuestros/as
alumnos/as lo que les ayudará a aprender de manera más lúdica y sencilla.
Lo ideal es que el
aprendizaje de segundas lenguas se lleve a cabo por descubrimiento con el fin
de despertar la imaginación, la creatividad y el sentido crítico. Es mucho más
efectivo el aprendizaje a largo plazo si
se preparan actividades antes, durante y después de la lectura o visionado de
las películas en el aula. Estas actividades deben servir para contextualizar, despertar los
conocimientos previos y suscitar la curiosidad del alumnado.
Un docente de segundas
lenguas además de los rasgos formales, es fundamental que conozca los
aspectos socioculturales y las características del país y los hablantes de la
lengua meta para
transmitírselos a los alumnos ya que la
lengua y cultura son dos elementos indisociables. No solo se ha de
desarrollar el inglés, sino otras habilidades importantes durante el proceso
como la pragmática, la prosodia, la sociolingüística y el pensamiento crítico.
Ha de mostrar amor, respeto y pasión por lo que enseña y aprende.
Desde
mi experiencia, todas las metodologías de Enseñanza-Aprendizaje del inglés tienen
puntos positivos y negativos. Lo mejor es variar y cambiar en función de los
objetivos de las actividades para evitar
estancarme en lo tradicional. Dedicaría más tiempo a las metodologías que
utilicen el lenguaje real y apuesten por el aprendizaje cooperativo ya que, de
esta manera aprendemos de todos y con todos, así como, llevar a cabo la
resolución de tareas significativas para el presente y el futuro. El profesor
debe promover ejercicios prácticos que permitan a los alumnos aplicar lo
aprendido. Para ello, lo más apropiado es plantear problemas que obliguen a los
alumnos a buscar, seleccionar y procesar la información adecuada. El profesor
también debe aportar ayuda pedagógica a los estudiantes, ofreciéndoles los
métodos y recursos necesarios para dar respuesta a sus intereses, motivaciones
y capacidades.
En lo que respecta a la
evaluación, considero que lo mejor sea una evaluación formativa en lugar de
sumativa. Es un constante proceso de avances, retrocesos y afianzamientos en el
proceso de Enseñanza-Aprendizaje. No sirve de nada estudiar para un examen obtener
una nota, si desconoce cuál es el punto de partida de nuestro alumnado y hasta
dónde han llegado. Considero que es más útil y más satisfactorio saber cuáles
son mis puntos fuertes y en cuáles he de dedicar más tiempo y esfuerzo. En
términos generales, el proceso de evaluación es un equilibrio entre un progreso
personal y el resultado final. El error es un elemento natural del proceso de
Enseñanza y Aprendizaje. El docente debe anticiparse a los errores y organizar
sus explicaciones teniéndolos en cuenta.
Finalmente, considero que
es importante diferenciar entre “educare” y “educere”. No podemos limitarnos a
“llenar las cabezas de nuestros estudiantes de conocimientos” sino ayudarles
extraer los conceptos y conocimientos que ya saben y ayudarles a conectarlos
con los nuevos. Es fundamental que un docente sea un experto en los
conocimientos que transmite, pero más importante aún es saber transmitir de forma clara y sencilla las ideas a sus
estudiantes. Un docente es para los alumnos
lo que es “el agua al campo”. Un docente
es aquel que enseña con el corazón. No hay duda que la inversión en educación
es una de las mejores inversiones de futuro que puede realizar una sociedad.
¿Qué opinas tú? ¿Estás de acuerdo?
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